miércoles, 20 de diciembre de 2017

Hablar con la familia


Me parece de un romántico que tira de espaldas que, en estos tiempos de Tinder y cuartos oscuros, vaya el Barça y se ponga a hablar con la familia de Griezmann. Es muy de valorar que las cosas se hagan como es debido, como se han hecho toda la vida. Uno se imagina a los representantes blaugranas asegurando que sus intenciones son formales mientras enumeran las hectáreas de tierra y cabezas de ganado que poseen. Todo alarde es poco para convencer a la novia, aunque ésta sea francés y además mediapunta de adopción y extremo de formación. No me sean antiguos, leñe. 

No es complicado visualizar a su familia, a la de la futura desposada digo, cambiando de actitud mientras la entrevista/proceso de venta se produce. La señora madre del galo va suavizando su postura corporal con el paso de los minutos. Seguramente se relama viendo la buena posición en la que su niño va a quedar, pese a sus orígenes humildes. Se acabó el presionar a campo completo siguiendo las indicaciones de ese enamorado del sudor llamado Simeone. El futuro pinta estrecho de esfuerzos. No hay más que ver lo bien que se conserva Arda Turan. Parece que el tiempo no haya pasado por él. Diríase que se ha quitado años de encima desde que salió del Atleti con el ánimo de atragantarse de triunfos. Está hecho un pincel, tieso por el desuso, pero pincel al fin y al cabo. 



Radicalmente distinta es la visión de la otra familia del delantero. La familia atlética, vamos. La de los celebradísimos gestores del club, quiero decir. Molestos, pero poco, por la osadía de ese equipo que presume ser más de un club, posan como si estuvieran enfurruñados y denuncian a la FIFA en voz bajita. Piensan que este tipo de cosas del corazón se solucionan de otras maneras. Otras más sencillas. Airear que desde el Mediterráneo quieren hablarse con Antoine les coloca en la incómoda posición de tener que pedir la cláusula de rescisión, so pena de quedar desairados ante los suyos (algo que nunca les importó lo más mínimo, por otro lado). Su enfado se sustenta sobre el hecho de que el aireo del noviazgo va a obligarles a ponerse estupendos a la hora de vender. "Si hubieran venido a nosotros de principio, otro gallo nos hubiera cantado", mascullan lamentando por si el negocio se frustrara. A ellos siempre les pudo más el bolsillo, si es de otros, que el alma. 

Uno solo espera que, puestos a reunir la dote para sellar el pacto sentimental, no intervenga el lenguaraz hermano del delantero como intermediario. Malo sería que la próxima boda se suspendiera por un mal tweet inoportuno. Cualquier día el zagal vuelve a acordarse de Manchester, de París o de cualquier otro pueblo con posibilidades. Recemos para que, para entonces, los novios ya se hayan encamado y no haya marcha atrás. 

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